
La Habana, 13 de septiembre de 2008
¡Basta ya!
Declaración
Cuba como consecuencia de los efectos
devastadores de los ciclones Gustav e Ike que
azotaron nuestro archipiélago con la diferencia de 10 días, dejaron
una estela de destrucción en toda la infraestructura habitacional,
agrícola, eléctrica, telefónica y vial, originando daños
multimillonarios. La situación se torna extremadamente crítica por
terribles daños provocados por los meteoros en todas las provincias
del país, incluyendo el municipio especial Isla de Pinos.
Los saldos destructivos dan muestra de la
magnitud del desastre. Cerca de 350 mil viviendas se encuentran con
grandes afectaciones y alrededor de 80 mil están totalmente
destruidas. Entre ellas escuelas, hospitales, centros deportivos,
instalaciones culturales e inmuebles administrativos. Pero el sector
más afectado fue la agricultura, prácticamente ambos huracanes
literalmente arrasaron con todas las cosechas en aquellas regiones
donde se dejaron sentir sus efectos destructivos. Nada quedó en pie:
plantaciones de plátanos, arroz, cultivos varios frutales,
instalaciones avícolas. Aproximadamente tres mil casas de tabaco
destruidas, mucha de ellas tenían almacenados miles de quintales de
tabaco listo para la producción y la exportación.
A esa desolación hay que agregarle que sólo en la
provincia de Pinar del Río, durante el paso de Gustav, en
el sector eléctrico fueron destruidas más de 130 torres de alta
tensión, ahora habrá que agregarles las afectadas por Ike .
Nunca antes el país había sufrido el efecto
destructivo de dos huracanes devastadores en tan breve tiempo. Si
hoy nuestro país es más vulnerable a estos desastres, es
precisamente por los errores y la mala política que durante cinco
decenios ha venido aplicando el gobierno en las principales ramas de
la economía siendo la más dañada, sin dudas, la agricultura. La
situación es desoladora porque justamente en estos instantes cuando
los productos del agro alcanzan valores prohibitivos en los mercados
internacionales, es cuando más está invirtiendo el régimen en la
importación de alimentos, haciendo oídos sordos a las tantas veces
alertada necesidad de crear para el pueblo sólidas bases que
sustenten una seguridad alimentaria.
En estos momentos nos encontramos con el grave
problema de que más de 3.5 millones de hectáreas de tierras
cultivables están cubiertas de marabú o mal atendidas por
desestímulo a los agricultores y la obstinada política del gobierno
cubano de controlar todo y prohibir la más mínima iniciativa
particular o privada. Ante tal desastre es posible mirar hacia el
sufrido sector campesino, porque con la masa ganadera y porcina no
es posible contar por su notabilísimo descenso en los dos últimos
lustros. Lo mismo sucede con la producción lechera.
El gobierno pronosticó una producción de arroz
cercana a las 200 mil toneladas de las 700 mil que consumimos.
Además, el déficit en las producciones de viandas, hortalizas,
cítricos y frutales se debe al desestímulo y a las no pocas tierras
abandonadas. Sin embargo, se han estado comprando alimentos por una
factura anual que sobrepasa los 1500 millones de dólares y de
ellos 450 millones adquiridos a granjeros y exportadores de
alimentos de los Estados Unidos. Es decir que lo que ha prevalecido
es comprar y no estimular la producción nacional de alimentos. Ante
este desgarrador panorama vemos que lo poco que se sembró, sólo el
10 % de las tierras cultivables, en tiempos normales no alcanzaría
su distribución de todas las familias cubanas. Después del paso por
nuestra geografía de Gustav e Ike , donde
prácticamente todo lo sembrado fue barrido, ¿cómo nos las
arreglaremos los cubanos para evitar una gran hambruna si el
gobierno persiste en la selectividad, por razones políticas, para
aceptar o no la ayuda humanitaria internacional?
Las declaraciones de los principales líderes del
gobierno cubano reconocen que se necesitarán elevadas cifras de
recursos para tan solo paliar las necesidades elementales que
demandan los miles de damnificados dejados tras el paso de los
fenómenos meteorológicos, los cuales han provocado enormes
problemas. Pero como es natural en el transcurso de los días y en la
medida que el tiempo se normalice, si las personas no palpan que sus
problemas se alivian, la moral decae y comienzan las demandas dado
que son cientos de miles los que hoy se encuentran viviendo en
condiciones infrahumanas. A nadie escapa que está destrucción
nacional esta demandando de multimillonarios recursos de todo tipo y
de mucho tiempo de trabajo, para tan siquiera acercarnos a lo que
existía antes de los dos huracanes.
Fueron miles los albergados. Según las
autoridades solo hubo que lamentar la muerte por imprudencia de
siete compatriotas. No obstante se han producido, hasta el momento,
29 derrumbes de edificios en mal estado en la capital cubana por las
constantes lluvias provocadas por Ike y aunque el gobierno
en la provincia ha reconocido sólo la pérdida de una vida por esa
causa, la población comenta que han sido cinco los fallecidos. Esto
último no ha sido confirmado.
Las organizaciones internacionales de socorro y
muchos gobiernos han felicitado a la Defensa Civil por su meritoria
labor. La TV cubana y todos los medios se han hecho eco de la
eficiencia de esa organización. En todo el país se ha ponderado y
reconocido con creces la labor de esos hombres y mujeres que con la
mayor disciplina tratan de salvar, no sólo vidas, sino también, de
algún modo, lo poco que queda de prestigio y la credibilidad de un
régimen que en cincuenta años no ha podido fabricar casas
confortables y seguras, ni tampoco ha permitido que los cubanos las
construyan por su cuenta, facilitándoles la compra de materiales.
Según la cifra dada por la presidenta del Consejo
de Defensa del municipio Yaguajay, provincia de Sancti Spíritus, en
una entrevista por TV indicó, que 15 mil casas que existen en dicho
territorio, sólo mil son de clase A, o sea, de paredes de ladrillos
y cementito y techos de hormigón fundido, las 14 mil restantes
fueron construidas con tablas y techos ligeros de tejas de zinc o
fibrocemento. Se infiere entonces que tal cifra podría ser el
promedio general para todo el país. Es ahí una de las causas de
tantas viviendas afectadas o destruidas, y el motivo principal del
abnegado esfuerzo realizado por la Defensa Civil.
Con la electricidad sucede lo mismo. En medio
siglo de gobierno comunista, la élite no ha podido instalar en el
país el sistema de cables soterrados. Dicho sistema permitiría sacar
de circulación los anticuados postes y, lo que es mucho mejor,
aseguraría la estabilidad del servicio eléctrico a la ciudadanía,
sobre todo durante la temporada ciclónica. Pero lamentablemente no
ha sido así. Las autoridades cubanas, conociendo de la magnitud de
tales eventos y del impacto negativo que significan para la economía
cubana, no han sido capaces de prevenir lo ocurrido y tomar las
medidas correspondientes para evitar las grandes afectaciones en la
distribución de electricidad que afrontamos regularmente por los
efectos de esos fenómenos naturales. Al igual que con las viviendas,
casi todos los años tropezamos con la misma piedra por la falta de
previsión de las autoridades.
En estos trágicos momentos millones de cubanos se
encuentran pasando hambre y todo tipo de calamidades, demandan con
urgencia alimentos, avituallamientos, la construcción o reparación
de sus casa, dado que actualmente miles están viviendo hacinados en
albergues y han perdido todas sus pertenecías personales y
familiares.
La gravedad de la situación nos indica que no es
oportuno ni inteligente por parte de la élite que pretende vivir
eternamente sobre los hombros del pueblo, caer en
irresponsabilidades retóricas políticas y absurdos enfrentamientos.
Lo que el pueblo cubano necesita es ayuda y socorro urgente, sea de
quien sea y venga de donde venga. ¡Basta ya! de enarbolar falsos
pretextos, justificaciones y demandas absurdas. ¡Basta ya! de
discursos fanfarriosos y oportunistas en los que ya nadie cree.
En el transcurso de 10 días hemos padecido dos
feroces huracanes. El país literalmente está destruido. Por otra
parte no existe la más remota evidencia de que el presidente de la
república comparezca públicamente, como es su deber, para darle una
explicación al pueblo de la real magnitud del desastre y definir
cual será la política que su gobierno asumirá con la ayuda
procedente del exterior, y en particular con la cuantiosa ayuda
ofrecida por Estados Unidos de Norteamérica.
¡Basta ya! de ocultar las imperfecciones de un
gobierno tiránico y unipersonal cuya mayor preocupación es que no
salga a la superficie toda su ineficiencia y errática
administración. Gobierno diabólico y caprichoso al que nunca le
importó aplicar los métodos más nefastos que se hayan conocido y que
han llevado a la ruina total a un pueblo noble, trabajador,
solidario y creativo, como es el pueblo cubano. ¡Basta ya! de abusos
de poder y de injusticias. Cinco décadas de gobierno totalitario han
sido más dañinas que todos los ciclones que han pasado por Cuba en
toda su historia. ¡Basta ya!
En nombre de la Dirección y Ejecutivo nacionales
del PSD, firman la presente:
Fernando
Sánchez López, presidente
Antonio
Torres Justo, vicepresidente
Osmar
Laffita Rojas, relaciones internacionales
Carlos
Aitcheson Guzmán, Sec. Información